Diario de un músico nº 75. Entonando un mea culpa.

Hoy debería hablar del tiempo: esta lluvia que no cesa. Debería hablar del gobierno: noqueado. Debería hablar de la corrupción: generalizada. Debería hablar de Corina: no me interesa, salvo que el erario haya pagado el revolcón real. ¿De Urdangarín?: sub iudice, pero lo tiene jodido el tipo. ¿Virtudes públicas, vicios privados? No hay que ser muy espabilado para ver que esta España enferma necesita urgente reanimación, sobre todo moral. Tal vez en el ámbito de la “macro política” esté todo perdido, y sea el campo de la “micro política” el que haya que abonar. El día a día, el paso a paso, el gesto a gesto.

 

Hablando de gestos ayer fui en parte cómplice de una dejación, y entono el mea culpa. Resulta que camino del trabajo y en el autobús que cojo todas las mañanas éste tuvo que frenar para no tragarse a un irresponsable, adormilado o despistado conductor de un vehículo. Dentro del bus, casi todos salimos disparados, pero pudimos sujetarnos mas o  menos, excepto un señor que se dio de bruces con el suelo. Por suerte no le pasó nada, en principio, aunque el susto, su tez blanca y los gritos por un momento hicieron temer algo peor. Ante la caída tres personas, incluida servidor, nos abalanzamos a él y lo levantamos con rapidez. El autobús encerró en la rotonda al conductor ímprobo, descolocado, acongojado, para tomarle los datos aunque algún pasajero avizor anotó la matrícula. Abrió puertas y salimos todos pensando en tomar otro bus, pensando en el trabajo, labores, con la hora pegada al culo. Llegó ese otro autobús, y nadie, excepto una chica que todos los días lo coge en mi misma parada, había pensado en dejar sus datos, su teléfono, por si había que declarar ante el accidente producido. Está claro que contencioso es probable que haya, y en él la palabra del conductor del bus, del accidentado, y del vehículo lunero (de lunes) sacarán sus floretes a relucir; en boca de compañías de seguros depredadoras, que arañarán letra pequeña y cuecen artimañas suficientes para pasar página. Y quien sabe si el señor accidentado, con su blanca palidez, a día de hoy no tiene una lesión.

 

En el segundo autobús instalado, entoné en mi fuero interno el mea culpa, por falta de reflejos. Por irme sin dar mis datos, como ciudadano que ha presenciado un hecho y se ofrece simplemente para declarar. A posteriori, a la chica que sí dio sus datos, en caso de que la llamaran, le ofrecí mi teléfono y mi disposición si es necesaria. Mas vale tarde que nunca..., mal sabor. Y a lo que voy. Que de cerca de veinte personas solo una reaccionara veloz, y tres a toro pasado,  ¿no nos estará haciendo más egoístas a los individuos de lo que somos? Escuchaba algún comentario de alguno de esos veinte pasajeros de autobús diario: “no quiero problemas, después te llaman a juicio, y es un galimatías...”. En silencio tras la “torta matutina” reabría la novela policíaca de Simenon que me acompaña en los minutos hasta la parada final. La micro política empieza tal vez en pequeños gestos. Fuera llovía...

 

ANTONIO ÁLVAREZ

 

Canción: Tom´s Dinner-Suzanne Vega

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