DIARIO DE UN MÚSICO Nº 69. "POLÍTICAMENTE INCORRECTO"

 

Tengo un amigo, que dice conocer a un tipo, que se mira al espejo y sonríe con las cosas que le pasan. Trabaja en la administración, y cuando empezó el primer día (tras pasar un “estúpido” proceso de oposición: no tenía carné, ni parné, ni conocía a nadie en su momento apto para exprimir teta de vaca de siglas pesebreras), la primera frase que se le quedó en la frente marcada a cal y canto, a fuego y tinta, fue algo así como: “cuando termina la lógica, empieza la Administración”. Trabaja en un sitio sensible, que tiene su razón de ser como órgano que vela por la igualdad entre mujeres y hombres, y por ser receptor, sobre todo de mujeres maltratadas por la violencia machista. Hasta ahí todo lógico, pero lo cierto es que contempla que en algunas cosas se ha estirado tanto la definición o indefinición de una puesta en escena, que a veces se tensa mucho la lengua llegando al paroxismo en el lenguaje (miembros y miembras), cerrando filas en nombre de lo que la deidad o el imperator de turno lleva a gala estableciendo algo como políticamente correcto. “Los dimes y diretes” que empañan la nomenclatura y la política son insondables, como las sendas del Señor (barra Señora). Y este amigo ve o escucha cosas en todas partes que invitan a la reflexión templada de café y sobremesa serena ante un discurso, que a veces se derrite buscando castillos en el aire del léxico cuando lo verdaderamente importante no es eso.
 
Resulta que en ese sitio la palabra “hombre” se vetó para no herir sensibilidades, cuando la mitad de su personal se viste y calza con ese género. ¡Si no hay nada mas maravilloso que la igualdad! Cuando es una labor su consecución, de todas, y de todos. Algo que los poderes públicos deben velar e iluminar: ¿qué no habrá más bonito que hablarse de tú a tú entre hombre y mujer, entre mujer y hombre? Pues nada, titular una ponencia o actuación predicada por un varón, pero dirigida a un auditorio eminentemente femenino, pero también masculino, con el afán de concienciar (en un día soleado de morado en el calendario) como “De hombre a mujer” podía rozar el límite de la asunción: ¿llamar a las cosas por su nombre es intolerable?
 
            Así pues este amigo, “se mira en el espejo y es feliz”, que cantaba Eduardo Benavente en la movida madrileña mas dark (oscura) de los ochenta, y al observarse le entra una “Parálisis Permanente” de masa gris que lo flipa, tanto que su rictus facial se va a hacer gárgaras en sonrisas y lágrimas ante el borrón, que no es sino una anécdota minúscula. Ponerle calificativos al que dirán es para echarse a llorar, y algo falla en las cabezas, en los discursos robotizados cuando algunos chips parecen ser solo aptos para replicantes (el artículo los/las lo dejo a gusto de quien consuma). Así lo cree mi amigo, el reverso de mi espejo, que no es sino un niño con una pelota, un tonto con un lápiz que pinta música, y que aspira a soñar lo máximo posible por un mundo más justo, más feliz, más libre, más igualitario, más coherente, sin ponerle artículos a la vida, o cortapisas al autor de una canción en la que la realidad se impone al color. Está claro que la realidad debe ser mejor, y no lo es, y por eso es importante que ciertos días al año se señalen y enaltezcan causas justas, y se trabaje en concienciar en el día a día para que no se olvide ni se oculte un problema latente de violencia sobre la mujer, así el artista ejercerá como notario de lo que campa, convirtiéndose en amplificador y en denunciante: principio de un fin. Pero la anécdota de un palabra, que a priori no es mal sonante y que es presuntamente inocente de cualquier lid: “hombre”, me muestra que la crucifixión al sentido común sigue instalada en las neuronas desde el origen de la especie, así que mi primera canción fue para ese amigo cercano, y mi solidaridad sonora y voz para con todas las mujeres que son diana del escarnio, la violencia o el asesinato por otros hombres en un mundo intolerante, desgraciadamente por naturaleza, que tenemos que mejorar entre todas las personas.
 

ANTONIO ÁLVAREZ .

Canción “Woman” (John Lennon)

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