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DIARIO DE UN MÚSICO Nº 76: "IN MY LIFE".

 

El dolor y la alegría viajan en clase turista. Con orden táctil frente al teclado y la pantalla, y desorden mental retomo este “diario de un músico” tras un periplo revuelto en mi vida. Inesperado inicio de primavera el sufrido, con lo que el mazazo ha sido mayor, pero dentro de su complejidad estas semanas han sido un curso acelerado en el aprendizaje a vivir (no dejamos nunca de aprender) y a apreciar que tras el vendaval es maravilloso estar un día más en este mundo a pesar de sus pro y sus contra. A todos los humanos solo hay una cosa que realmente nos iguala. Es solo al final cuando la vida dicta sentencia, en el punto y final, polvo somos y en polvo nos convertimos. Todo y nada se confunden, y una vida ayer yace de pronto frenada y cubierta tan solo por una sábana. Años, sentimientos, alegrías, penas, placeres, dolores, risas, llantos, familia, esposa, hijos, amigos, trabajo, música,... todo en ese momento es nada y nada es todo, como tan bien escribió el poeta José Hierro en su genial soneto “Vida”. El dolor y la muerte son nuestra sombra, no las vemos, pero están a nuestro lado y el día menos pensado se despiertan sonámbulas de su letargo y tambalean nuestro orden gestando el desorden, y machacando nuestro corazón en mil trizas, colocándonos en otra perspectiva ante la vida. Todo ser humano tenemos una cuota de dolor asignada y escrita en este tránsito a algún lado o a ningún sitio.
 
Ante el dolor uno recurre a lo que tiene más cercano e incluso a lo que niega o reniega, pero respeta. Los puentes al consuelo son todos válidos. Tal vez desde la infancia no había abierto un Evangelio, lo abrí, pero no lo leí. Lo tenía en la mesita de noche, en la recámara... Sí recurrí a la poesía, a su belleza, me reconfortaba la lectura de Machado, Valente, ... Y algo inusual en alguien como yo que devora música a diario, es que no podía escuchar música: mi padre era músico y toda la que pude la concentré en una rápida selección para sus oídos en coma en un reproductor mp3. Tengo la seguridad, y algún atisbo de emoción percibí en él, de que se fue con el eco de alguna de esas notas que tanto quería y que yo le había compilado en ese túnel que duró una semana antes de la despedida. Por los minúsculos cascos pasaron Vivaldi, Bach, Debussy, Richard Strauss, Mozart, Tárrega, Falla, Albéniz, The Beatles, Carlos Cano, Maria Dolores Pradera, Paco de Lucía, Andrés Segovia, Tete Montoliú, Ella Fitzgerald, y un largo etcétera. Un acopio rápido de músicas, de vidas, de obras, de sensaciones, para un tipo que apostó mas por lo emocional que por lo material en su vida. Es una de sus grandes enseñanzas. Ahora que se ha ido, creo que empiezo a aprender de él algunas de sus grandes lecciones, que en vida se me escurrían en el día a día. Tal vez solo era cuestión de tiempo, el tiempo suele dar la razón, y todo aprendizaje requiere de él. El dolor y la alegría siguen viajando en clase turista por igual para todos...
 
 
Mi recuerdo también para esa gran amiga que se fue en estos días.
Y mi homenaje, para la gente que se bate el cobre en las Unidades de Cuidados Intensivos, Urgencias, y en general en los hospitales, luchando simplemente por la vida.
 
Antonio Álvarez
Canción:
In my life- The Beatles

 

Diario de un músico nº 75. Entonando un mea culpa.

Hoy debería hablar del tiempo: esta lluvia que no cesa. Debería hablar del gobierno: noqueado. Debería hablar de la corrupción: generalizada. Debería hablar de Corina: no me interesa, salvo que el erario haya pagado el revolcón real. ¿De Urdangarín?: sub iudice, pero lo tiene jodido el tipo. ¿Virtudes públicas, vicios privados? No hay que ser muy espabilado para ver que esta España enferma necesita urgente reanimación, sobre todo moral. Tal vez en el ámbito de la “macro política” esté todo perdido, y sea el campo de la “micro política” el que haya que abonar. El día a día, el paso a paso, el gesto a gesto.

 

Hablando de gestos ayer fui en parte cómplice de una dejación, y entono el mea culpa. Resulta que camino del trabajo y en el autobús que cojo todas las mañanas éste tuvo que frenar para no tragarse a un irresponsable, adormilado o despistado conductor de un vehículo. Dentro del bus, casi todos salimos disparados, pero pudimos sujetarnos mas o  menos, excepto un señor que se dio de bruces con el suelo. Por suerte no le pasó nada, en principio, aunque el susto, su tez blanca y los gritos por un momento hicieron temer algo peor. Ante la caída tres personas, incluida servidor, nos abalanzamos a él y lo levantamos con rapidez. El autobús encerró en la rotonda al conductor ímprobo, descolocado, acongojado, para tomarle los datos aunque algún pasajero avizor anotó la matrícula. Abrió puertas y salimos todos pensando en tomar otro bus, pensando en el trabajo, labores, con la hora pegada al culo. Llegó ese otro autobús, y nadie, excepto una chica que todos los días lo coge en mi misma parada, había pensado en dejar sus datos, su teléfono, por si había que declarar ante el accidente producido. Está claro que contencioso es probable que haya, y en él la palabra del conductor del bus, del accidentado, y del vehículo lunero (de lunes) sacarán sus floretes a relucir; en boca de compañías de seguros depredadoras, que arañarán letra pequeña y cuecen artimañas suficientes para pasar página. Y quien sabe si el señor accidentado, con su blanca palidez, a día de hoy no tiene una lesión.

 

En el segundo autobús instalado, entoné en mi fuero interno el mea culpa, por falta de reflejos. Por irme sin dar mis datos, como ciudadano que ha presenciado un hecho y se ofrece simplemente para declarar. A posteriori, a la chica que sí dio sus datos, en caso de que la llamaran, le ofrecí mi teléfono y mi disposición si es necesaria. Mas vale tarde que nunca..., mal sabor. Y a lo que voy. Que de cerca de veinte personas solo una reaccionara veloz, y tres a toro pasado,  ¿no nos estará haciendo más egoístas a los individuos de lo que somos? Escuchaba algún comentario de alguno de esos veinte pasajeros de autobús diario: “no quiero problemas, después te llaman a juicio, y es un galimatías...”. En silencio tras la “torta matutina” reabría la novela policíaca de Simenon que me acompaña en los minutos hasta la parada final. La micro política empieza tal vez en pequeños gestos. Fuera llovía...

 

ANTONIO ÁLVAREZ

 

Canción: Tom´s Dinner-Suzanne Vega

Diario de un músico nº 74. "Imaginación"

IMAGINACIÓN

 

“La imaginación al poder”. Me encanta esa frase. No se si sirvió de mucho la tan traída, llevada y comentada revolución del mayo francés. Bueno, todo hecho histórico tiene sus lecturas, y en los epílogos sus conclusiones. En las urnas no tuvo reflejo, mas bien lo contrario puesto que revalidó el Gaullismo (la derecha) si cabe con mayor fuerza y diferencia de peso en el poder legislativo. Pero al tiempo un “plebiscito” retiró al general De Gaulle de la palestra dando paso a nuevos tiempos y nuevas caras añadidas para tiempos de reformas. Casi siempre los terremotos cívicos, las revoluciones, las transiciones (da igual el término) son un nuevo y necesario barniz en los rasguños del mueble, un paso de página en los derechos, deberes, conquistas sociales, una pátina ilusionante ante la roña política establecida, y aunque no se consigue el todo por el todo, sí se alcanzan unos mínimos comunes sobre los que construir y seguir caminando, eso es el progreso, ¿no? El 68 nos dejó un número cercano al 69, toda una diana sexual para acabar una década en la que las costumbres viraron tanto en la sociedad occidental, que aún somos herederos de esa época fascinante y visionaria. En España se retrasó una década, pero llegó también la ola del tsunami con la muerte del dictador... Y visto desde un lado literario, leer metáforas con adoquines como palabras en los titulares de una época tiene su punto sobre la i.

 

Falta en nuestro tiempo “imaginación” y valentía en este cuerpo en estado terminal llamado España. Falta talla y altura, porque esto que vivimos es pesca de bajura en caladero extinto. La indignación se lleva oliendo años, frente a toda esta batalla de despropósitos que los ciudadanitos de a pie nos desayunamos un día si y otro también. Falta ejemplo y referente, ese que los padres tratan de dar a los hijos, y que los políticos, y los “poderosos” debieran de dar a los que al fin y al cabo les pagamos: con nuestros impuestos o ahorros. Falta responsabilidad, inteligencia y perdón: pedir perdón por tanto desmán. Falta más democracia. No nos creamos que todo está hecho. La democracia es como el amor, si no se abona, si no se renueva, se apaga, se marchita, se seca... y al final acaba en manos usureras, capitales y peligrosas cuando no en la intolerancia y en partidos anti sistema, anti todo, anti ellos mismos (no anti sus bolsillos) que enmarañan en el fanatismo y recogen la mala bilis que la población digiere (y no quiero mirar a otros países). Desde la Jefatura del Estado hasta el consejero de la más minúscula Caja de Ahorros de turno, hay motivos de hastío, desvergüenza, despropósito, preocupación e indignación. Rabia, y mala leche para desayunar cada mañana es nuestra dieta diaria.

 

Echo en falta respuesta, acción, responsabilidad, justicia en los que movieron los hilos del poder estos años, y los que siguen moviéndolos ahora... Espero equivocarme, pero ¿lo veremos con cuentagotas? La situación es bastante tensa, la cuerda, el cuerpo doliente necesita nuevos trajes, nuevas caras, nuevos ímpetus para nuevos tiempos; nuevas energías, vitaminas, leyes justas o simplemente aplicar con equidad las que hay, y sudar la fiebre si no queremos que la diñe el presunto fiambre por dejación pública. Por lo menos que nos dure el tratamiento hasta otro periodo de crisis económica e institucional, que volverá seguro, cuando el sistema coja la gripe y todos acabemos suspirando febriles de nuevo por los derechos y libertades perdidos que un día dejamos de imaginar.

 

ANTONIO ÁLVAREZ

 

con música de los Stones, Just my imagination...

DIARIO DE UN MÚSICO Nº 73. PÁJARO AZUL.

 

El gorrión mecánico de Francisco Ayala me hace pensar. Hace un día gélido, febrero es tan loco que nieva mientras florecen los almendros, no hay mayor choque de trenes que los que la observación nos regala. Subido en el autobús, reconforta acogerse en su seno a las siete y media de una mañana invernal; en los quince minutos entre paradas rescato un minúscula antología de pájaros, azules, relatos fugaces como los de ese juguete alado que nunca fue objeto de presente para el narrador.
 
Hay personas que su propia voz, su propia dicción, enriquece y llena de alas tus tímpanos, y por ende tu alma cada vez que se escuchó. Mi recuerdo de este grande, con mayúsculas, con ese deje tan granadino, tan del sureste a pesar de décadas de exilio, se mantiene imperturbable. Con la sabiduría que la letra orfebre dan, da gusto toparse con su escritura, con la belleza: está en cualquier recodo, y solo hay que fijarse, mas cuando fuera todo es gris, en el papel y en trampolín sin foso. Hoy el cielo blanquecino apunta, no se si hará sonreír, “cuando nieva todos sonríen” cantó alguien..., además de este pequeño catálogo editado por su Fundación hace años, tengo un tomo de este ilustre escritor que compré un año antes de su fallecimiento, aun sin abrir, esperando su momento. Tal vez está cercano desvirgarlo, abrir la jaula de sus voces y volar, como otro pájaro azul de la estantería.
 
La lectura tiene el don de la ubicuidad. Estás aquí, y con sólo abrir una página vuelas a un instante ocurrido hace noventa años. ¿Ficción, realidad? ¿Un sofrito de ambas? Llevo un tiempo dándole vueltas a una idea loca, como la vida. Esa idea rumiada, parte de realidades. Ya está estructurada. Algunos personajes definidos. Falta un trabajo de campo impresionante y escuchar la memoria de unos pocos seres que vivieron un tiempo en el que había buenos y malos, pero a lo mejor no estaban claramente en ningún bando o estaban en todos. Un tiempo en el que sobrevivir fue la consigna. Un pájaro azul sobrevuela mi bloc de notas novelado. Algún día volará.
 
 
ANTONIO ÁLVAREZ
 
Canción: Bluebird

Paul McCartney & Wings

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